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SUPERAR LAS FRUSTRACIONES

Dr. Renny Yagosesky

El ser humano es un ser de deseos, que busca cambiar, ascender y mejorarse a sí mismo y a su entorno. Sin embargo, no siempre puede lograr lo que desea y con frecuencia se tropieza con resultados indeseados y con su correspondiente emocional: la frustración. Siga leyendo.

Los seres humanos somos seres complejos, con deseos y temores. Actuamos para sobrevivir y vivir bien, buscamos lograr, ganar y evitamos perder y fracasar. Cristalizar metas nos produce alegría, satisfacción, felicidad, y no lograrlas, nos conduce a estados de frustración, que incluyen experiencias asociados de: tristeza, rabia, culpa o decepción.

Defino frustración, como una respuesta emocional desagradable precedida por pensamientos de error, fracaso, pérdida o impotencia, y resistencia a aceptar ciertos hechos. Es el resultado de la confrontación entre las expectativas y la realidad.

Decía Epícteto, que las personas no se perturban por los eventos sino por la opinión que tiene de ellos. Si tomamos por buenas la palabras de este filósofo, nos toca asumir que la frustración es causada más por el tipo de interpretaciones que realizamos, que con los intentos de logro fallidos. Asimismo, Aaron Beck, Albert Ellis y otros psicólogos cognitivistas, consideran que las creencias, las expectativas y las metas, se conjugan a la hora de desplegar nuestra respuesta emocional. Kant, señalaba que la manera como vemos las cosas, depende no de cómo las cosas son, sino de cómo somos nosotros. Afectamos, pues, la percepción de la realidad, con nuestro mundo de ideas y experiencia previas, y terminamos por construir un mundo de pesar que nace de nuestra propia mente.

Esto queda claro, cuando comparamos las reacciones de varias personas ante eventos idénticos o similares. Puede notarse que mientras unos se paralizan, se victimizan y desarrollan un patrón de pensamientos pesimistas, otros expresan estados mentales y emocionales más productivos, que incluyen: realismo, reflexividad, aceptación, creatividad y disposición optimista.

En la frustración se combinan tres aspectos principales: un deseo o meta que se pretende alcanzar, un impedimento de la acción o imposibilidad temporal de logro, y una interpretación limitante en la que nos vemos y actuamos como víctimas, jueces y verdugos.

A veces la frustración aparece cuando no logramos lo que deseamos (salir reprobados en un examen); cuando podemos lograr varias metas pero la circunstancia demanda renunciar a alguna (se desea tener dos parejas pero la moral impone elegir una); o cuando la evaluación de los riesgos nos sugiere posponer la acción (deseamos decir una verdad dura al jefe, pero el riesgo de perder el trabajo impone moderación y prudencia). Asimismo, cuando ganamos una cosa y perdemos otra, al mismo tiempo, (un divorcio resuelve un conflicto y nos alivia, pero nos enfrenta a la soledad y a un recomenzar).

Algunos se preguntarán si es que acaso no hay hechos objetivos que nos induzcan este malestar. El asunto es que los hechos por sí mismos parecen no tener ningún significado específico o único. Somos nosotros por aprendizaje cultural quienes definimos si algo es “malo”, “bueno”, “adecuado” o “inadecuado”, “conveniente” o “inconveniente”, en razón de cómo los eventos afectan nuestros intereses y valores. No es igual ver la comida cuando se tiene hambre, que cuando se ha terminado de comer. La valoración, el nombre que damos a las situaciones, definen en mucho la manera como nos sentimos. Etiquetar una circunstancia como: “gravísima” o “sin salida” nos hará sentir atrapados e inermes. Calificarla de “exigente” o “retadora”, nos impulsará a activar nuestros poderes creadores de solución y recuperación.

Además, dos de los procesos de la mente que pueden ayudarnos o perjudicarnos, son la generalización y la futurización. Pensamos que si algo salió mal volverá a salir mal, y que si algo está mal ahora, seguramente también lo estará en el futuro. Olvidamos que cada momento es único y agrupa infinitas posibilidades, y que como decía Paolo Freire: “la vida no es, está siendo”.

Por fortuna, es posible prevenir o superar los momentos de frustración. A continuación, propongo algunas sugerencias útiles para recuperar la alegría y la armonía interior.

1- Responsabilidad: Asuma que su estado emocional responde más a su interpretación que al evento que etiqueta de frustrante. Cada persona crea el significado.

2- Realismo: Acepte que los hechos están ahí y que de inmediato no puede modificarlos.

3- Amplitud: Desarrolle una visión sistémica y amplia. Comprenda que cada evento es causado por muchos factores y no por uno solo.

4- Paciencia: conviene entender que algunas metas demandan más atención, más esfuerzo o más tiempo. No todo es fácil y rápido.

5- Moderación: Reduzca sus expectativas. Piense que con frecuencia, mucha ilusión trae mucho desengaño.

6- Aprendizaje: Pregúntese que aprendizaje le deja la situación que está viviendo, y considere los aspectos que podría mejorar o perfeccionar para tener éxito en nuevos intentos.

7- Actualidad: Centre su atención en el momento actual, pues todo futuro comienza hoy.

8- Fe: si tiene usted sentido espiritual, sabrá que no estamos aislados, que somos parte de algo mayor y que lo que ocurre suele tener sentido, visto en una perspectiva más amplia. Confíe en el proceso de la vida, pues hay Dios para los que triunfan y también para lo que desean triunfar. Gracias por leerme.

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Renny Yagosesky es: Ph.D en Psicología, Magister en Ciencias de la Conducta,
Licenciado en Comunicación Social, Conferencista y Escritor.

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