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LA SANACIÓN DEL PERDÓN

Dr. Renny Yagosesky

Dr. Renny  Yagosesky

La ciencia de hoy sabe con certeza que los sentimientos negativos influyen en la aparición y sostén de numerosas enfermedades. Asimismo, las interpretaciones positivas de los eventos y la capacidad de perdona y olvidar, se ven como elementos favorecedores de la buena salud. Siga leyendo.

En 1993  se  realizaron en USA cerca de 500 millones de consultas con terapeutas alternativos, señal  inequívoca de que se están descubriendo nuevos caminos para la sanación y la salud, distintos a los tradicionales. A mediados de los años cincuenta Ronald Hubbard dijo a que cada persona llevaba dentro de su mente una serie de «pensamientos demonio», causales de casi todos sus males. Ya anticipaba el visionario lo que luego sería validado por tantos especialistas de la curación: que las enfermedades se relacionan en alta medida con bloqueos emocionales, derivados de las interpretaciones limitantes que hacemos de situaciones y eventos.

Es un hecho comprobado que pasar mucho tiempo asociados con estados emotivos como la tristeza, la culpa, la apatía, el miedo o la rabia, hacen que el Sistema Inmunitario del organismo, cuya misión es protegernos de agentes nocivos, se debilita y nos hace presa fácil de ciertas enfermedades. Si estas emociones se prolongan, el daño puede llegar a ser irreparable.

Quizás sea por esto por lo que al ver la salud en un perspectiva holística o integral, se entiende que sanar las emociones es sanar el cuerpo, y es por ello que tantos terapeutas sensibles e informados, recomiendan dos de los remedios más baratos y efectivos que existen: meditar y perdonar. Aquí, revisaremos más de cerca lo relativo al perdón.

Puede decirse que todos tenemos resentimientos o rencores hacia otros en mayor o menor medida, pues nos hemos sentido  subestimados, humillados, ignorados, vulnerados, y entendemos como algo justo recibir una disculpa o una indemnización por el daño recibido, o simplemente podemos llegar a desear e incluso a ejecutar una venganza.

Sin embargo, ya que cada persona percibe una realidad diferente dependiendo de su mundo mental y su historia personal, podemos ser injustos o empeorar las cosas con acciones inadecuadas de ajuste de cuentas con lo que creamos un espiral de sufrimientos y destrucción mutua, sin ganadores ni satisfacción.

Visto así, pienso que nada mejor que cerrar el paso al odio en nuestros corazones y aprender a  perdonar. ¿Y qué significa perdonar? Perdonar significa renunciar a nuestro derecho a la venganza, perdonar es decidir comprender antes que odiar, perdonar es aceptar que todos somos ignorantes e inconscientes, y que la persona daña otras, se daña también a sí misma. Perdonar es aceptar que cada experiencia nos muestra una responsabilidad no asumida y que algún lado positivo existe en lo que me hiere que ahora no soy capaz de ver o entender. Perdonar, es asumir que hay más de una forma de ver la misma situación y que puede ver otros de esos ángulos para no llenarme de rencor y deseos de dañar.

Perdonar, sin embargo, no significa ignorar o restar importancia a ciertos hechos, aprobarlos o estar de acuerdo con ellos. No significa tampoco darle la razón a quien nos lastimó, ¡No! Significa que estamos listos para dejar de lado, sacar, y quitarle poder y peso a los pensamientos y emociones limitantes que nos acechan y minan nuestra paz, nuestra alegría y nuestra felicidad.

El perdón es un ejercicio de liberación emocional que cura el cuerpo y sana el espíritu. Es una expresión de amor hacia nosotros mismos, de potencia liberadora. Es aceptar que lo que pasó no debe subyugarnos de por vida; es pues, una declaración de que puedes mejorar, de quieres mejorar y retomar el control de tu existencia. Perdonar  Es abrirnos a una forma de ver la vida  desde una óptica más inteligente y compasiva, para poder comprender que todos nos equivocamos y que algún día también podríamos necesitar ser perdonados. ¿O es usted de los que cree que los pecados de los otros son siempre peores que los suyos?

Como dijo Dale Carnegie: «el que hace daño lo hace por ignorancia». Visto desde una óptica menos materialista y más espiritual, y basándonos en la denominada «Ley de Causa y Efecto, podemos afirmar que en el plano espiritual no existe la injusticia, pues todo lo que haces te será hecho.

Pese a estos razonamientos, muchos, quizás demasiados se niegan a perdonar. ¿Por qué? Por varias razones: 1-) Tenemos una idea  ilusa de que las cosas no deberían haber sido como fueron o  que no deberían ser como son. 2-) Asumimos que hemos sido dañados de manera premeditada, tomamos las cosas como algo personal, 3-) Queremos que las personas, la vida o el mundo sean como lo deseamos. 4-) por soberbia y por el empeño de «tener siempre la razón» aunque en el intento perdamos mucho o lo perdamos todo. Cuando no perdonamos, dice Ramón Samso, demostramos tener poca fe y un claro temor de que se repita lo que nos llena de rencor.

Por vía de la lógica, perdonar es una decisión adecuada, pues nos confronta con que el pasado sólo existe como un paquete de recuerdos que podemos traer, modificar, disolver o reprimir. Aunque sabemos que hay casos en los que las consecuencias nos recuerdan los hechos que detestamos, olvidamos que no son los eventos los que nos hacen reaccionar negativamente, sino la interpretación que de ellos hacemos. Por fortuna podemos sanar y conviene saber que existen técnicas para reducir la fuerza de las emociones negativas y una ayuda terapéutica puede ser necesaria y útil.

¿Y cómo saber si ya hemos perdonado? Lo sabremos cuando consideramos que no hay más deuda que cobrar. Vivir resentidos es una muy mala manera de vivir. Perdonar es una forma de amar, perdonar libera, perdonar sana. Gracias por leerme.

 

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