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LA RESISTENCIA AL ESFUERZO

Dr. Renny Yagosesky

La vida es una permanente dinámica de actividades que el ser humano acomete para sobrevivir y lograr objetivos. Algunos de esos objetivos se alcanzan con facilidad, pero otros demandan esfuerzos mayores, que muchos, no están dispuestos a realizar. Siga leyendo.

No existe ser humano que no se sienta impulsado a moverse y actuar para sobrevivir y lograr objetivos. Esa dinámica es parte normal de nuestra cotidianidad, pues tenemos necesidades y deseos que intentamos satisfacer. Además, nos impulsa la curiosidad, la iniciativa y la voluntad.

Algunos de esos objetivos resultan fáciles de alcanzar, mientras que otros nos imponen la necesidad de aplicar estrategias más sofisticadas y de invertir mayores esfuerzos para su consecución. No todos, sin embargo, aceptan el precio que se debe pagar por volar más alto.

La resistencia al esfuerzo es un hecho, que se intensifica hoy en día por obra de las facilidades que aportan la tecnología y la cultura moderna “todo confort”. Pero es ley, que quien se resiste a sembrar, no tiene derecho a cosechar, pues quien no paga el precio, pierde la opción de ganar el premio.

Y no me refiero aquí a esfuerzos corporales agotadores que puedan afectar la salud, ¡No! sino a la necesaria consistencia, a la fortaleza que debe mostrar quien desee salir de la pobreza y superar la mediocridad, sin esperar que sea algún gobernante, familiar o amigo, quien le resuelva la “algún día” la existencia. A veces puede tratarse de perseverar en un esfuerzo de tipo corporal, otras veces en intensificar o sostener un ritmo intelectual, o bien, puede tratarse de resisitir presiones emocionales. No debemos hundirnos en excesos, es cierto, pero tampoco abandonar la labor prematuramente. Todos aprendemos tarde o temprano, que sólo los que continúan, llegan.

A veces el esfuerzo puede estar asociado con la calidad. Todo lo bueno, todo lo que tiene calidad, implica concentracíóny trabajo responsable. Decía también Paul Meyer, que para encontrar el oro se requiere sacar mucha tierra de la mina. En ese sentido y en lenguaje metafórico, he dicho en mi libro “El Mensaje de los Sabios (Júpiter Editores), que mientras más grande es el bocado, más veces hay que masticarlo, que el músculo se hace fuerte con el ejercicio, y que para no hundirse en el agua, hay que permanecer en movimiento. La verdad es que no existe la comida gratis.

De manera que si queremos tener éxito y alcanzar un lugar destacado en la sociedad, es necesario aceptar la necesidad del esfuerzo. Hay que hacer lo que hay que hacer.

26-falta-educacion-financiera_t670x470Cuando se dispone a parir, la mujer sufre y puja; el sembrador debe abrir surcos en la tierra, regar las plantas y proteger sus cultivos, antes de recoger el fruto de su trabajo. Los atletas entrenan largas horas al día, en esfuerzo consciente y constante para llegar a hacerse olímpicos. Graduarse en la universidad o ahorrar para una vivienda propia, imponen motivación sostenida. Así, rechazar la necesidad obvia del esfuerzo, es una improductiva y además, poco realista.

El esfuerzo no debilita, más bien fortalece, siempre que no raye en los excesos. En pro de una buena salud, este debe combinarse con la diversión y el descanso para crear el equilibrio perfecto.

Esta renuncia de la vida “light”, esta idea de valorar el poder del esfuerzo (esfuerzo inteligente), no es bien vista por algunos, que más bien aconsejan “fluir”. Pero los records no se baten fluyendo, sino trabajando duro. Hace poco supe de una cirugía cerebral que duró 12 horas. Puro conocimiento, concentración y esfuerzo.

El refranero popular asegura que “lo que es del cura va para la iglesia”, y que lo que lo que es de uno, nadie se lo puede quitar. Pero hay otras ideas contrarias: “nada es de nadie mientras exista otro que lo ansíe”, y “el que quiere azul celeste, que le cueste. Podemos conformamos con lo mediano, lo básico o lo elemental, o nadar hacia lo más profundo, donde están las ostras rellenas de perlas. Nadia Comaneci, la famosa gimnasta rumana que ganó cinco medallas olímpicas de oro, y nueve en total, y que fue la primera en lograr la puntuación perfecta de 10 en unas olimpíadas, no llegó a ser considerada una de las más grandes gimnastas del siglo XX y de todos los tiempos, sino por obra de un esfuerzo colosal.

En mi óptica, fluir es aceptar lo que no se puede cambiar, cuando ya has hecho previamente lo necesario para cambiarlo. Aceptemos que contamos con un gran potencial que la mayoría de las veces desfallece ante la abulia, el facilismo y la resignación. Debemos abandonar la idea de ser, como ha dicho Antonio Blay, bombillos de 100 alumbrando 20.

Mi invitación es a aceptar que los logros significativos, requieren esfuerzos mayores. Asumirlo y disponerse a realizarlos, nos permite aprendizaje, experiencia y éxito.


Renny Yagosesky es: Ph.D en Psicología, Magister en Ciencias de la Conducta,
Licenciado en Comunicación Social, Conferencista y Escritor.

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