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LA ÉTICA PERSONAL Y LABORAL

Dr. Renny Yagosesky

Dr. Renny Yagosesky


          Un tema que desde hace centurias ha generado intrincadas polémicas, es el de la moral y la ética, dos complejos constructos que bordean el delgado filo del bien y del mal. Desde Aristóteles y quizás antes, el tema ya era motivo de reflexiones y discusiones. Según el sabio griego: “Tanto la virtud como el vicio están en nuestro poder”. Desde aquí, puede asumirse, que, en nuestro interior, reside la capacidad del libre albedrío, la fuerza para elegir entre opciones, con la mira puesta: en nuestros fines egoístas o en las necesidades de la colectividad.

          En términos generales, la moral hace referencia a reglas, normas u órdenes que se nos imponen desde afuera por una autoridad o una cultura. Siendo así, se trata de un conocimiento cambiante con el tiempo y las circunstancias.  Es por eso que, en algunos países y tiempos, se ha aceptado la pena de muerte, mientras que en otros escenarios, se le ve como una práctica bestial, inhumana, aberrante y despreciable. Igual sucede con temas como el aborto o la homosexualidad, que detonan las más furibundas y tramadas discusiones.

          En cuanto a la ética, esta se relaciona con las convicciones y decisiones personales, con una valoración íntima que cada sujeto individuo hace de lo adecuado o inadecuado en cada momento de decisión. Víctor Guédez, en un sencillo ejercicio comparativo, afirma que la moral impone no actuar contra el ser humano, mientras que la ética aconseja obrar en favor del bien. La ética nos coloca en posición de elegir a cada instante lo que para nosotros en lo particular, será asumido como bueno o malo, sano o insano, aceptable o inaceptable, virtuoso o vicioso. De esta manera, puede decirse que la ética se vive en el terreno de lo personal, mientras que la moral se encauza en el dominio de lo colectivo.

          Además de la polémica histórica acerca de qué hacer, el ser portadores de consciencia hace que también nos preocupen los motivos, las razones que impulsan nuestras acciones. Savater, citando a Lichtenberg, afirma que son cuatro estos motivos: 1) el filosófico: que nos lleva a hacer el bien por el bien mismo; 2) el religioso, que nos impulsa a hacer el bien como símbolo del respeto de la voluntad de Dios, 3) el humano, que nos lleva a obrar bien por amor propio y el sentido del bienestar particular, y 4) el político, según el cual el bien sería impulsado por el beneficio social.

          La ética, entonces, es un producto emergente que se gesta en el punto medio entre entro lo personal y lo social; es un código que induce a las personas a una mínima congruencia interna, so pena de experimentar confusión o culpa. Quien sigue de manera coherente un código personal de valores, tiene a vivir con mayores niveles paz interior, aunque en ocasiones deba enfrentar la oposición y la crítica de quienes  tienen otras preferencias existenciales.

          Tanto la ética como la moral tienen mucho que ver con nuestro comportamiento en las relaciones personales y en las labores orientadas a la productividad, por lo que un escenario en el que se considera un factor de peso, es el laboral. 

          Funcionar de manera ética en el terreno laboral, significa contar con un sentido definido acerca de lo que es adecuado en ese contexto. Impone valorar o comprender el papel y la importancia de los demás, para operar desde la interdependencia, el juego limpio, el respeto por los derechos y el trabajo en equipo, clave final de un desempeño pacífico, normado y productivo en cualquier organización empresarial.
          La dinámica laboral, aunque orientada en lo práctico a la productividad material y a la ganancia económica, gira en torno a dos claves intrínsecas: los vínculos interpersonales y la toma de decisiones. Es válido decir que con plena consciencia o sin ella, todo se hace con gente y para la gente.

          La expresión «trabajar con ética» implica, como mínimo: cumplir los deberes asumidos, evitar causar daño, valorar las oportunidades y dar lo mejor de uno cada día.

          Visto en un marco más amplio, puede decirse que hay una ética de la competitividad y una de la cooperatividad; una ética “yo gano y tú pierdes”, y otra opuesta “yo gano y tú ganas”; una ética de céntrate en producir, y otra que estimula aprender y disfrutar; una del “sólo haz lo que hay que hacer” y otra trascendentalista que se pregunta “para que hacerlo.”

          En un nivel más pequeño, actitudes y comportamientos frecuentes en la organización, generalmente valorados como disfuncionales, tales como: la envidia, los celos, la inercia, la ocultación de información, el retardo laboral, el favoritismo, el prejuicio, el acoso sexual y el hostigamiento, suelen ubicarse en una dimensión psicológica, aunque bien podrían verse a la luz del lente de la ética laboral.

          La decisión personal de en qué área trabajar, o si se trabaja como empleado, autoempleado, dueño de empresa o inversionista, supone una elección ética adecuada a las necesidades y potencialidades. No puede ser ético renunciar a la propia vocación o ignorarla de un todo, pues supone indolencia o traición, posposición o baja autoestima.

          Como vemos, hay visiones éticas diversas relacionadas con lo laboral, las cuales dependen según creo, de los paradigmas empresariales reinantes y de la capacidad de cada sujeto para reflexionar críticamente sobre sus actos (metacognición), y alcanzar en consecuencia, un punto de equilibrio en el cual se conjuguen armónicamente el bienestar, el aporte social y la productividad.

          También la ética es objeto de atención a propósito del creciente interés en el concepto y práctica de la responsabilidad, social que busca generar una dialéctica integradora entre la productividad y el hombre. La idea central aquí es que las organizaciones productivas lleven a cabo por convicción y voluntad propia, un conjunto de acciones orientadas no sólo a cumplir leyes y normas o a producir rentabilidad, sino, además, a favorecer a la sociedad, cuidando que los métodos y procesos internos de la organización, así como su relación con todos los actores involucrados (vecinos, clientes o proveedores) guarde un sentido ecológico y sustentable.

Esto debe ser así, por cuanto somos sistemas dentro de sistemas y operamos en una red en la que todos influyen en todos. Esta manera de proceder generaría un entramado consciente, en el que los aspectos económico, social, humano y ambiental serían cuidadosamente considerados. Esta práctica se ve mediada, sin lugar a dudas, por un condicionante poderoso: la ética.

          Al final, notaremos que el asunto se centra en un punto dilemático, un lugar que se construye a cada momento, con la gran responsabilidad de elegir. Y las decisiones, son y serán siempre un asunto ético: Ser o no ser, hacer o no hacer, tener o no tener, para qué y con cuáles consecuencias. Gracias por leerme.

Dr. Renny Yagosesky
Ph.D y MSc. en Psicología, Lic en Comunicación Social, Conferencista y Escritor.

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