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LA COMUNICACIÓN CONSCIENTE

Dr. Renny Yagosesky

Dr. Renny Yagosesky

La vida humana es un proceso de vínculos interpersonales, que son mediados de manera permanente por la comunicación.

Sobrevivimos gracias a que nos agrupamos y operamos de manera interdependiente, apoyándonos mutuamente y coordinado acciones para lograr objetivos y promover el bienestar individual y colectivo.

Se entiende que no hay relación sin comunicación y que vincularse genera beneficios, entre los cuales destacan:

  • Catarsis (podemos expresar nuestras ideas, emociones o sensaciones),
  • Logro (podemos crear acuerdos y motorizar acciones de beneficio particular o común),
  • Aceptación (podemos agradar a otros, vincularnos y ser incluidos). Y
  • Liderazgo (podemos influir en otros para actuar en grupo y producir cambios).

Sin embargo disponer de la capacidad de comunicarse, no es garantiza el éxito de la comunicación. Dicho de otro modo: saber hablar no significa saber comunicarse. Se requiere comunicarse de manera consciente, tomando en consideración los valores, metas y estilos propios y ajenos.

Tener una comunicación consciente significa darnos cuenta de lo que decimos, cuándo, cómo, donde, por qué y para qué lo decimos. Si nos expresamos desde una baja consciencia tienden a  producirse malos entendidos, desacuerdos y conflictos.

Si la comunicación no es consciente, entonces es automática. En ese caso, dejamos de expresamos con palabras, tonos de voz, gestos, posturas, y movimientos elegidos voluntariamente, con base en criterios de satisfacción y conveniencia, sino a través de formas y estilos inconscientes, estandarizados, que son producto del aprendizaje y del hábito. Esta rigidez, aplicada a un mundo que cambia y nos ofrece numerosas situaciones diferentes, puede resultar disonante y peligrosa.

La comunicación no es ingenua. Todo lo que decimos lleva un contenido, una intención, una emoción y un tipo de apoyo corporal o lenguaje «no verbal». Por lo que nos convendría darnos cuenta de lo que estamos comunicando, para lo cual resulta esencial prestar atención al resultado de la comunicación, a eso que se conoce comúnmente como el “feed back”. A veces, sin embargo, podemos caer en la trampa de engañarnos y percibir lo que queremos y no lo que realmente está ocurriendo. A esto le llamamos “recursividad”, que es un proceso mental mediante el cual sesgamos la realidad para evitarnos contradicciones internas, para reducir la ansiedad y no tener que disculparnos o adaptarnos a otros.

La buena comunicación es esencialmente voluntaria. Trasciende los automatismos, presta atención a los efectos que se causan y evita errores y contradictorios, en beneficio de las metas propuestas.

Piensen en una mujer desea ser amada, pero se viste y se presenta súper sexy y solo consigue ser deseada; o pensemos en el caso de un hombre que desea ser percibido como seguro de sí mismo, pero que se comporta de manera autoritaria, lo cual refleja inseguridad latente. U empleado que busca trabajo pero llega tarde el día de la entrevista. Un motivador que no logra motivarse a sí mismo. Son mensajes ineficaces, autosaboteadores generalmente no conscientes, que buscan un efecto pero producen otro.

A decir del gran terapeuta Albert Ellis: “algo dentro de nosotros se sabotea con frecuencia”. Y para Eckhart Tolle: “el ego siempre quiere que las cosas salgan mal para ganar atención y crear dramas”.

Para mejorar la calidad comunicacional, debemos elegir cuidadosamente las palabras, que usamos, el tono de voz con que nos expresamos, así como los gestos, posturas y movimientos que empleamos. Incluso aspectos como la ropa y los accesorios que usamos, envían mensajes acerca de nuestro estado de ánimo y estatus social.

Aprender a comunicarse conscientemente, significa reconocer e intervenir a voluntad en nuestras intenciones, emociones y expresividad corporal. Se trata de detectar y manejar con lucidez factores como: el tiempo y lugar de la conversación, los roles de quienes dialogan, la calidad de la escucha y las habilidades conversacionales. Siempre estamos comunicando lo que pensamos y sentimos, ya sea que hablemos mucho, poco o que decidamos no hablar.

Queda en cada persona observarse y lograr coherencia entre lo que desea expresar y lo que definitivamente expresa. Afortunadamente es posible aprenderlo. Gracias por leerme.

El Dr. Renny Yagosesky es Ph.D y MSc. en Psicología,
Lic. en Comunicador Social, Conferencista y Escritor
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