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EL ABUSO DE PODER

Dr. Renny Yagosesky

Dr. Renny Yagosesky

La historia de la humanidad parace ser en cierta medida, la historia de personas que luchan sin tregua por conquistar el poder.  Ya sea que sea que miremos hacia el entorno político, económico o social, cuando se trata de relaciones, el deseo de poder, ronda como un fantasma, listo para poseer la mente de aquellos que lo invocan.

Visto en lo humano, el poder puede entenderse como «la capacidad que tenemos para influir, modificar o alterar positiva o negativamente determinada realidad.

El término «abuso» se refiere al uso indebido que algunas personas hacen de su capacidad de influencia sobre otros, y que genera en ellas consecuencias negativas de diverso tipo.

Existe una relación que es proporcional: a mayor poder acumulado, mayor es el riesgo de desequilibrio existe en las relaciones. Esto significa que tener poder sobre otros, tiende a incrementar el potencial de abuso, del mismo modo en que no tenerlo, nos coloca en la lista de potenciales abusables por aquellos que lo ostentan. De aqui se deriva que el equilibrio de poder es uni de los antídotos primordial para este mal.

De acuerdo con las estadísticas, los grupos o sectores más susceptibles de ser víctimas del abuso, son: niños, ancianos, enfermos, reos, mujeres, empleados, pobres y, en general sujetos ignorantes, inconscientes y desposeídos. Mientras que los más abusadores, suelen ser: políticos, militares, policías, abogados y delincuentes, con énfasis en los políticos, pues tienen el privilegio para influir en leyes, decisiones económicas e incluso guerras.

Hay muchos tipos de abuso: verbal, físico, emocional, sexual. En la modalidad que sea, el tema es que muchos sufren a causas de las conductas de otros que hacen uso indebido de sus roles o sus recursos y causan frustración, humillación, desvalorización, depresión, descrédito, etc.

Las personas que encajan en la categoría de “abusadores”, muestran rasgos reconocibles, como:  temperamento impulsivo, estilo de comunicación autoritario , disposición egoísta, anhelo de poder, resistencia a la crítica, entornos de crianza disfuncionales, inmorales y permisivos, alta necesidad de aprobación, uso frecuente de drogas, hábitos de transgresión de las leyes, competitividad desmedida o compulsiva, tendencias sádicas y posibilidad de actuar por obra de contextos de impunidad judicial.

Quienes usan sus cuotas de poder para abusar, pueden llegar a hacerlo  convencidos de que actúan de forma adecuada, porque «los otros son peores», «no dejaron alternativa», » ews por una causa noble», etc. la historia registra incontables desmanes realizados bajo la excusa del nacionalismo, la justicia o Dios.

Muchos abusadores ni siquiera se dan cuenta de la magnitud del daño que causan sus acciones.  Otros, los peores, actúan de manera deliberada y se complacen al generar daño. De manera que hay una cadena que incluye: ingenuidad, debilidad moral, descuido, carencia de empatía y también crueldad.

La consciencia de las consecuencias del abuso son fundamentales para que el abusador pueda modificar su conducta. Una famosa regla de la psicología conductista, nos enseña que “toda conducta negativa que sea premiada tenderá a repetirse”  La omisión, la permisividad, la negligencia, la impunidad, operan como premios a la acciones antisociales.

Es posible evitar el abuso si se enfrenta y se asume la necesidad de un cambio real, en le persona, la pareja, la familia y las instituciones. En esencia, existen cuatro caminos que contribuyen a regular la convivencia social humana y superar las tendencias de abuso. Estos son: la ética, la moral, la ley y el sufrimiento.

La ética es la capacidad individual de evaluar cada situación como buena o mala, conveniente o inconveniente, adecuada o inadecuada, de acuerdo con los valores propios o particulares.

La moral se relaciona con las convicciones y tradiciones sociales ejercidas como presión entre miembros de un determinado grupo, con la finalidad de sostener las buenas costumbres.

La ley, ese marco de normas aceptadas que regulan la convivencia social, se levanta como un muro de previsión que nos avisa lo que no se debe hacer. Lo ideal sería, como ha sugerido Alexander Solzjenitsin: “que cada persona se auto-regule”.

El cuarto aspecto, el sufrimiento, es una derivación natural de la debilidad en la consciencia ética, de la falta de presión moral y de la ruptura de las leyes. Cuando no entramos “en el carril” personal ni social, se produce un espiral de crisis, de conflictividad, que nos obliga a aprender las lecciones evolutivas.

Para combatir el abuso de poder, debemos superar nuestras tendencias egoístas, potenciar y enseñar valores de respeto, tolerancia, comprensión, solidaridad y empatía. También, evitar el exceso de poder en pocas manos y, finalmente, espiritualizar la vida, comprender que existen leyes espirituales que parecen ajustar las cuentas a todos los transgresores. Quizás por eso los budistas, sabios al hablar del sufrimiento y la felicidad, nos sugieren con tanta insistencia la práctica sostenida de la compasión, la humildad y el desapego. Gracias por leerme.

Renny Yagosesky es Ph.D y MSc. en Psicología, Conferencista y Escritor.
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